

Cada 6 de enero, cuando la ciudad termina de cerrar el ciclo navideño, en el distrito de Tiabaya se revive una de las celebraciones más antiguas y queridas de la región: la Bajada de Reyes y la Sacudida de Perales, una fiesta que mezcla religiosidad, identidad local y gastronomía patrimonial, con un protagonista inesperado: la timpusca de peras.
La jornada comienza temprano. Las campanas de la iglesia Santiago Apóstol anuncian la misa solemne en honor a los Reyes Magos. Después, familias enteras, turistas y residentes se suman a una caravana festiva que recorre las calles principales de Tiabaya hasta llegar al Fundo Los Perales, lugar emblemático de la tradición.
En el campo, la sacudida de perales es el momento más esperado: originalmente, los frondosos árboles cargados de fruta eran literalmente sacudidos para que peras jugosas cayeran entre la multitud. Hoy, la práctica es más simbólica, pero conserva la emoción y la participación comunitaria.
“Antes, cuando era niño, corríamos bajo los perales hasta recoger todas las peras que podíamos”, rememora Alfredo Díaz, conocido en el pueblo como Don Pachito, loncco arequipeño y poeta local. La tradición, rescatada por las nuevas generaciones y por autoridades distritales, busca mantener viva esa conexión entre pasado y presente.
Un caldo con historia y sabor
La timpusca de peras es más que un plato: es memoria culinaria arequipeña. Su nombre viene del quechua timpuy, que significa “hervir”, y corresponde a una sopa densa muy parecida a un chupe, con base de carnes —res y cordero—, chalona, trigo, cochayuyo, hierbas y, claro, peras dulces. Aunque en otros contextos la timpusca se puede hacer con variadas frutas o incluso sin ellas, en Tiabaya es el fruto local el que le da identidad en esta fecha.
En la actualidad, la timpusca no solo se cocina en casas hogareñas. En el Festival de la Timpusca de Peras, organizado por la municipalidad y celebrado tras la sacudida de perales, las picanterías del distrito compiten por ofrecer la versión más rica y auténtica. El evento combina música, danzas y muestras culturales que convocan a familias y visitantes durante toda la jornada.
Para muchos habitantes, este caldo es un símbolo del esfuerzo por recuperar tradiciones locales que estuvieron a punto de desaparecer debido al declive de los cultivos de perales en la zona. Por ello, autoridades y agricultores han impulsado proyectos para resembrar estos árboles y asegurar que la cosecha vuelva a ser abundante en años futuros.
Más allá del plato
La celebración no solo honra el nacimiento de Jesús y la visita de los Reyes Magos, sino también la historia agrícola de Tiabaya, un lugar que antaño estuvo cubierto de huertos de perales y en el que la comunidad se reunía para compartir, conversar y festejar. Aunque hoy los árboles son menos, el espíritu festivo sigue intacto: niños corren, familias se abrazan y el aroma de la timpusca invita a sentarse alrededor de ollas humeantes para compartir un almuerzo que es, a la vez, un puente entre generaciones.
La timpusca de peras en la Bajada de Reyes de Tiabaya no es solo un plato tradicional: es una celebración de identidad arequipeña, un testimonio vivo de cómo la gastronomía y la fe se encuentran para reforzar la memoria colectiva de un pueblo que, entre cucharadas de caldo y risas bajo el sol de enero, sigue celebrando lo suyo.


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