12/07/2026 | Alejandra Hancco
“Todos esos w*** que están jugando con bolas de nieve en Ticlio… todos ellos ya saben por quién votan… ellos van a votar nomás con su papelito… ¡marquen todos Roberto Sánchez!… marcan toditos y son como m***”.
(«EsBebote» Jorge Alexander Quispe – streamer)
Durante una transmisión en vivo, el streamer Jorge Alexander Quispe, conocido como «EsBebote», reaccionaba a la coyuntura política y al ajustado avance de los conteos electorales de 2026. En ese contexto, emitió expresiones dirigidas contra las poblaciones altoandinas, cuestionando la forma en que votan los habitantes de zonas como Ticlio y asociando su participación electoral con estereotipos de desinformación y manipulación.
Sus comentarios se difundieron rápidamente en redes sociales y generaron críticas por su contenido discriminatorio y por reproducir prejuicios vinculados al origen geográfico y social.
Días después, otra transmisión en vivo volvió a colocar el tema sobre la mesa. El streamer Cristopher Puente, conocido como «Cristorata», también se refirió al escenario político y terminó realizando comentarios de contenido racista.
“¿Qué les pasa a estos serranos? No les llega oxígeno al cerebro… por la altura no les llega oxígeno… qué rabia estos andinos… si no fuera por Machu Picchu… ¡hablo con el presidente de China para que les envíe… que les metan una bomba!”.
(«Cristorata» Cristopher Puente – influencer)
Las declaraciones, emitidas ante miles de espectadores, provocaron rechazo por su carácter discriminatorio y por incluir expresiones violentas dirigidas hacia las poblaciones del sur andino. Aunque posteriormente se difundieron disculpas en redes sociales, las frases ya habían alcanzado una amplia circulación, reabriendo el debate sobre los límites del discurso en las plataformas digitales y la responsabilidad de los creadores de contenido con grandes audiencias.
El racismo como problema estructural en el Perú
Según la I Encuesta Nacional de Percepciones y Actitudes sobre Diversidad Cultural y Discriminación Étnico-Racial, elaborada por el Ministerio de Cultura en 2017, el 53 % de la población considera que el Perú es un país racista, mientras que solo el 8 % se reconoce como tal.
El mismo estudio revela que el 59 % de los peruanos percibe discriminación hacia las personas quechuas y aimaras, el 57 % hacia los pueblos indígenas u originarios y el 60 % hacia la población afroperuana. Entre las principales causas identificadas figuran la forma de hablar, el color de piel y la vestimenta.
A nivel institucional, el Ministerio de Cultura, a través del sistema Alerta Contra el Racismo, ha registrado 1.398 reportes de discriminación étnico-racial desde su implementación. Los casos se producen principalmente en espacios públicos, entornos digitales, centros laborales, instituciones educativas y medios de comunicación.
De acuerdo con el artículo 323 del Código Penal, la discriminación e incitación a la discriminación por motivos de origen, raza, etnia u otras condiciones constituyen delitos sancionados con penas privativas de libertad.
El racismo electoral como patrón histórico
El racismo en el Perú suele hacerse más visible durante los procesos electorales, cuando el debate político se desplaza de las propuestas hacia la legitimidad de los candidatos según su origen social o regional.
El politólogo Martín Tanaka ha señalado que las elecciones en el país evidencian tensiones históricas no resueltas, especialmente cuando figuras provenientes de sectores rurales o populares alcanzan protagonismo político.
En la misma línea, investigaciones del Instituto de Estudios Peruanos han documentado cómo, en distintos procesos electorales, el voto rural ha sido asociado con discursos de inferioridad política o de supuesta falta de educación cívica.
El fenómeno no es reciente. Durante la campaña de 2021, diversos análisis académicos de la Pontificia Universidad Católica del Perú identificaron que la candidatura de Pedro Castillo estuvo acompañada de discursos que cuestionaban su origen andino, su acento y su procedencia rural, desplazando el debate desde lo político hacia lo identitario.
El racismo digital y la normalización del discurso de odio
El crecimiento de plataformas como TikTok, Facebook, X y Twitch ha generado nuevos espacios donde la discusión política se mezcla con el entretenimiento digital.
En este contexto, los casos de «EsBebote» y «Cristorata» se han convertido en ejemplos recientes de cómo el racismo puede amplificarse ante audiencias masivas en tiempo real.
El Ministerio de Cultura ha advertido, a través de Alerta Contra el Racismo, que los entornos digitales se han convertido en uno de los principales escenarios de discriminación reportados en los últimos años, debido a la rapidez de difusión de los contenidos y al anonimato que ofrecen las plataformas.
El comunicador y especialista en medios digitales Carlos Solís, integrante del Consejo Consultivo de Radio y Televisión, ha señalado que las plataformas digitales tienden a amplificar discursos polarizados, especialmente en contextos políticos, donde la viralización suele superar los mecanismos de moderación.
Este escenario contribuye a la normalización de expresiones discriminatorias que alcanzan una amplia difusión antes de recibir algún tipo de sanción social o institucional.
Democracia, exclusión y respuesta institucional
El racismo en el Perú no solo tiene consecuencias sociales, sino también políticas y democráticas. En la práctica, influye en la percepción de quién puede o no ejercer el poder.
Diversos estudios sobre comportamiento electoral han señalado que, en contextos de polarización, el debate público suele desplazarse de las propuestas hacia la valoración social y cultural de los candidatos, especialmente cuando estos provienen de sectores históricamente excluidos.
En paralelo, el Estado peruano ha desarrollado mecanismos de respuesta como el sistema Alerta Contra el Racismo, que permite registrar denuncias a través de la línea 1817, WhatsApp, plataformas digitales y oficinas del Ministerio de Cultura.
La cartera también ha informado que, en el marco del Plan Nacional «Perú sin Racismo», el país se ha propuesto reducir los niveles de discriminación percibida hacia el año 2030. Sin embargo, las cifras muestran que el problema persiste, particularmente en los espacios públicos y digitales, donde se concentra la mayor parte de los reportes.
Las elecciones terminan, los resultados se anuncian y el país retoma su rutina política. Pero los discursos que emergen durante las campañas no desaparecen del todo.
El racismo en el Perú no surge únicamente en épocas electorales; sin embargo, es durante esos periodos cuando se vuelve más visible, más explícito y más difícil de ignorar. Más que un fenómeno coyuntural, el racismo electoral revela una pregunta aún pendiente: qué tan igualitaria es realmente la ciudadanía en un país donde el origen de una persona sigue influyendo en la manera en que se juzga quién puede representar a la nación.