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“Lo más bonito es captar lo poco que va quedando de la belleza de Arequipa”, acuarelista Roque Aliaga

31/05/2026 | Alejandra Hancco

La campiña arequipeña aparece iluminada por una luz suave en las acuarelas de Roque Aliaga Flores. Entre árboles dispersos, cercos de madera y extensos campos verdes, el paisaje parece suspendido en el tiempo, como si todavía resistiera al avance de la ciudad. Nacido en Moho, Puno, pero arequipeño desde los cinco años, Aliaga ha convertido esos paisajes en el centro de su obra. Solo en los últimos años ha realizado más de doscientas acuarelas pintadas al aire libre, recorriendo distintos espacios de Arequipa con la intención de registrar aquello que poco a poco comienza a desaparecer. 

Recuerda que su interés por el dibujo apareció desde muy pequeño, durante los años de colegio. En el salón observaba con atención cómo su compañero Juan Turpo realizaba dibujos sombreados con lapicero, mientras los ejercicios con cuadrículas enseñados en clase despertaban aún más su curiosidad. Poco a poco comenzó a llenar sus cuadernos de dibujos durante los recreos. A veces, recuerda entre risas, los profesores dudaban que aquellos trabajos fueran realmente suyos. “Te lo han dibujado”, le decían al ver la precisión de los trazos.

Ese interés temprano terminó marcando el rumbo de su vida. Aunque al terminar el colegio todavía no tenía claro qué camino seguir, un día, mientras caminaba por la calle Sucre, ingresó por curiosidad a la antigua casona de la Escuela de Artes Carlos Baca Flor. Allí conoció a Miguel Ángel Cuadros, quien, al notar su facilidad para el dibujo, lo animó a postular.

Durante sus años en la Escuela de Artes Carlos Baca Flor, la formación de Roque Aliaga no se limitó al trabajo en aula. Entre clases de óleo, dibujo y escultura comenzaron también las salidas al campo junto a otros estudiantes interesados en pintar directamente del paisaje, experiencia que lo acercó definitivamente a la acuarela a través de los cursos del maestro Carlos Ticona. Aliaga recuerda además con especial afecto a docentes como Percy Ludeña y Toto Rebaza, figuras que acompañaron aquellas primeras jornadas de pintura al aire libre y marcaron profundamente su formación artística.

Con el tiempo, encontró en la acuarela una técnica distinta al óleo por su rapidez, su transparencia y su carácter impredecible. El realismo y la pintura naturalista se convirtieron en parte central de su trabajo, aunque siempre vinculados a la experiencia de pintar en exteriores. 

“La acuarela es una aventura. Es más espontánea, te pone un reto”.

Esa sensación de incertidumbre es precisamente parte de lo que más le atrae. A diferencia del trabajo de taller, realizado muchas veces desde fotografías, pintar al aire libre le permite convivir con los cambios del clima, los accidentes del agua y las variaciones de luz que vuelven irrepetible cada pintura. Para Aliaga, salir al campo implica mucho más que reproducir un paisaje: significa habitarlo por unas horas y dejar que la experiencia también termine entrando en la obra.

“Conoces el lugar, conoces a la gente, conversas con otras personas. Entonces, lo vives. Es la vivencia, más que nada”.

Sin embargo, su trayectoria artística no fue continua. Durante aproximadamente veinticinco años dejó la pintura para dedicarse a otros trabajos y sostener a su familia. Aun así, asegura que nunca dejó de sentirse artista. Para él, existen personas en quienes el arte permanece incluso en los años de pausa, como una sensibilidad que nunca desaparece del todo.

El regreso llegó tiempo después, cuando a través de redes sociales conoció a un grupo de jóvenes artistas que realizaban salidas de pintura los fines de semana. Aquella experiencia lo llevó nuevamente al campo y terminó integrándolo al colectivo que hoy se conoce como Acuarela Viva, grupo del que actualmente es uno de los principales impulsores.

“Al final uno termina haciendo lo que siempre le ha gustado”.

Desde entonces, ha participado en distintas exposiciones colectivas y continúa recorriendo la campiña arequipeña en busca de nuevos paisajes para pintar, especialmente aquellos espacios que considera cada vez más amenazados por el crecimiento urbano.

“Lo más bonito es captar lo poco que va quedando de la belleza de Arequipa”.

Esa preocupación aparece constantemente en su mirada sobre la ciudad. Aliaga considera que muchos espacios tradicionales y agrícolas no han sido preservados adecuadamente y que parte de la identidad visual de Arequipa se ha ido perdiendo con el paso de los años. Para él, la pintura también funciona como una forma de memoria y de registro de aquello que aún permanece.

Afirma además que el arte cambia la manera de observar el entorno. “Gracias al arte uno es curioso”, comenta, al explicar que esa sensibilidad lo ha llevado a mirar con más atención los detalles, los paisajes y hasta las pequeñas cosas cotidianas. En ese proceso encuentra también una satisfacción personal: la sensación de hacer bien aquello que realmente le apasiona.

Al mismo tiempo, reconoce que el trabajo artístico en el Perú continúa siendo poco valorado y que muchos proyectos culturales dependen casi únicamente del esfuerzo personal. Aun así, sostiene que la necesidad de crear termina siendo más fuerte que las dificultades.

Al final, Aliaga resume su posición con sencillez. No se define como una figura excepcional, sino como un pintor más en permanente búsqueda. “Siempre estamos en evolución”, señala, al explicar que el arte no es un estado final, sino un proceso continuo de aprendizaje, adaptación y exploración.

“Hasta el último soplo de vida vamos a seguir buscando algo más”.

Y quizás esa sea también la esencia de su pintura: la necesidad de seguir mirando el paisaje como si todavía guardara algo por descubrir.

SOBRE ACUARELA VIVA 

Es un colectivo de artistas dedicado a la práctica y difusión de la acuarela al aire libre. Nació en 2023 como una evolución del grupo Arte en Sí, iniciativa impulsada desde 2022 por el artista Nixon Chumbislla, que reunió a pintores interesados en recuperar las salidas de campo y el trabajo directo con el paisaje. 

Actualmente, el colectivo continúa esa labor promoviendo encuentros, exposiciones y jornadas de pintura en distintos espacios de Arequipa. Entre sus principales impulsores se encuentra Roque Aliaga, quien participa activamente en la organización de las salidas y en la difusión de una práctica que busca mantener viva la tradición de pintar al aire libre y registrar, a través de la acuarela, los paisajes y espacios que forman parte de la memoria visual de la ciudad.

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