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Arequipa

“Sin presupuesto, la voluntad política en salud mental es un completo engaño”

07/05/2026 | Alejandra Hancco

La psicóloga Ruth Natalia Gallegos Esquivias, decana del Colegio de Psicólogos en Arequipa y Moquegua, advierte que la crisis de salud mental en la región responde a la falta de políticas públicas sostenidas, el abandono estatal y condiciones sociales como la pobreza y la violencia.

La salud mental en Arequipa atraviesa un momento crítico, especialmente en niños y adolescentes. Solo en el último año se reportaron más de 1,500 casos de violencia escolar, una cifra que evidencia la magnitud del problema dentro de las aulas.Además, aunque cada año egresan cientos de profesionales en psicología, la falta de presupuesto limita su incorporación en el sistema educativo y de salud.

Para la decana del Colegio de Psicólogos – Consejo Directivo Regional III (Arequipa y Moquegua), esta situación no es aislada, sino parte de un problema estructural más amplio, donde las condiciones de vida, la violencia y la ausencia de una respuesta estatal efectiva terminan profundizando la crisis.

¿Cómo describiría la situación actual de la salud mental en niños y adolescentes en Arequipa?

Nos estamos enfrentando a una crisis de salud mental en las etapas de niñez y adolescencia. Es un panorama bastante preocupante, porque una problemática, identificada o no a tiempo, puede convertirse más adelante en un trastorno o en comportamientos que ponen en riesgo la integridad de la misma persona y de otros.Muchas veces desconocemos la magnitud de las consecuencias que tiene la violencia en la vida del ser humano.

El año pasado se reportaron más de 1,500 casos de violencia escolar. En ese contexto, ¿qué refleja esta cifra?

Nos muestra que no existe una verdadera política de cuidado de la salud mental. Y yo incluso considero que hay un subregistro. Muchas veces solo se conoce lo que ya no se pudo ocultar, pero el problema es mayor.

Frente a esta situación, ¿se está cumpliendo la Ley Antibullying que exige la presencia de psicólogos en los colegios?

No como debería. Hace más de 11 años se estableció que las instituciones educativas debían contar progresivamente con psicólogos. Sin embargo, ese presupuesto no se ha movido. No se han generado más plazas ni una política real de atención.Hoy, en toda la región Arequipa, solo alrededor de 100 instituciones educativas estatales cuentan con psicólogo. Es claramente insuficiente.Si una ley no tiene presupuesto, termina siendo un saludo a la bandera.

En ese escenario, ¿es suficiente un psicólogo por institución educativa?

Definitivamente no. Un psicólogo para un colegio de 500 o más de 1000 estudiantes es un absurdo.El trabajo del psicólogo no es solo con el alumno, sino con toda la comunidad educativa: padres, docentes y estudiantes. Si el profesional trabaja de manera aislada, no se va a lograr nada.Lo recomendable sería, por lo menos, un psicólogo por cada 150 a 200 estudiantes, y aun así sería una atención limitada.

Si cada año egresan nuevos profesionales, ¿por qué persisten las brechas en la atención?

Porque el problema no es la falta de psicólogos. El año pasado, en Arequipa hubo aproximadamente 800 titulados y colegiados en Psicología listos para trabajar.El problema es que no hay presupuesto para contratarlos. No hay incremento desde el MEF ni desde el sector Educación para generar plazas. Entonces tienes profesionales disponibles, pero sin oportunidades laborales.

Desde su perspectiva, ¿qué está fallando en la respuesta del Estado?

Hay algo que tiene que decirse con claridad:

Cuando un político habla de un problema y te plantea leyes, pero esa voluntad política no viene respaldada por presupuesto, es un completo engaño.”

Para que una política pública funcione se necesitan dos cosas: voluntad política y asignación presupuestal. Si no van juntas, no hay resultados.

Ante este panorama, ¿qué acciones urgentes deberían tomarse?

Desde las UGEL y la Gerencia Regional de Educación debería elevarse una propuesta de modificatoria presupuestal al MINEDU y al MEF para garantizar la presencia de psicólogos en las instituciones educativas, al menos en cumplimiento de la ley. Además, el trabajo tiene que ser interdisciplinario, por ejemplo, con el sector Salud.

¿Qué ocurre cuando los casos son derivados al sistema de salud?

Nos encontramos con otro problema. Cuando se deriva a un establecimiento de salud de primer nivel, muchas veces no hay psicólogos o la demanda está sobrecargada. En los centros de salud mental comunitarios, especialmente en servicios para niños y adolescentes, la atención está abarrotada. Hay listas de espera. Entonces, el problema se traslada del colegio al sector Salud, pero no se resuelve de manera eficiente.

Considerando esta alta demanda, ¿qué problemas de salud mental son más frecuentes actualmente?

Actualmente, uno de los principales indicadores en salud mental es la depresión, que presenta una alta incidencia a nivel nacional. A esto se suman trastornos mentales severos como la esquizofrenia, cuya presencia ha aumentado de manera preocupante en Arequipa.

Antes se hablaba de casos mucho más reducidos, pero hoy, si revisamos los centros de salud mental comunitarios y los servicios hospitalarios, encontramos que la cifra ha crecido considerablemente. Lo más alarmante es que estos diagnósticos están apareciendo en edades cada vez más tempranas. En el caso de la esquizofrenia, además, se trata de un trastorno crónico que acompaña a la persona a lo largo de su vida.

¿Qué factores están influyendo en esta situación?

Existen factores sociales y familiares. En la práctica clínica vemos, por ejemplo, el impacto de la violencia familiar desde edades muy tempranas, así como dinámicas contradictorias en la crianza: mensajes de afecto acompañados de maltrato o exigencias extremas. A esto se suman condiciones como la pobreza, la desnutrición y el abandono. Un niño que crece en ese entorno pierde capacidad de afrontar su realidad y se vuelve más vulnerable, tanto emocional como conductualmente.

En ese sentido, ¿hasta qué punto estas condiciones limitan el trabajo profesional?

Lo limitan bastante. Como profesionales podemos detectar casos, hacer seguimiento y derivaciones, pero hay factores estructurales que no dependen de nuestra intervención. Cuando un niño crece en un contexto de violencia, carencias económicas y falta de atención básica, nuestras acciones resultan insuficientes si no existe un abordaje más amplio. Por eso es fundamental entender que la salud mental no puede trabajarse de manera aislada, sino desde un enfoque integral que incluya mejores condiciones de vida.

En esa línea, ¿qué tan directa es la relación entre salud mental y pobreza?

Es una relación directa, causal. No se puede hablar de salud mental sin mejorar las condiciones de vida de la población.Nosotros podemos intervenir desde lo clínico y educativo, pero hay realidades que superan ese alcance. Recuerdo un caso que me marcó mucho: una familia en Socabaya con tres hijos, de 15, 11 y 9 años, que viven en condiciones de extrema precariedad. Los niños tienen que bajar diariamente por el cerro para ir al colegio, sin acceso a servicios básicos como agua, expuestos a múltiples dificultades en su entorno cotidiano.

Frente a estas situaciones, uno entiende que las intervenciones no pueden ser completas si no se atienden los factores estructurales. Por eso insistimos en que la salud mental también pasa por reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de la población.

Más allá del Estado, ¿qué rol juega la sociedad en este problema?

Somos una sociedad muy juiciosa, rápida para opinar, pero poco dispuesta a escuchar y validar el dolor del otro. Muchas veces emitimos comentarios sobre el sufrimiento ajeno, pero no practicamos una escucha verdadera, respetuosa y silenciosa que acompañe a la persona en un proceso doloroso.

Además, nos hemos acostumbrado a pensar que la vida debe ser una constante de felicidad. Queremos estar bien todo el tiempo y evitamos enfrentar aquello que nos duele. Pero no todo se puede resolver de inmediato y no siempre vamos a estar felices. También existen momentos de tristeza, frustración y dolor, y necesitamos aprender a entendernos y acompañarnos en esas etapas.

¿Cuál es el mayor reto actualmente para los profesionales?

El primero es la falta de oportunidades laborales. El segundo, enfrentarnos a un sistema que no prioriza la salud mental. Por eso es fundamental que el Estado no solo destine presupuesto para salud mental, sino también para mejorar las condiciones de vida de la población.

Finalmente, ¿qué recomendaciones daría para cuidar la salud mental?

Primero, revisar bien las fuentes que consumimos, especialmente en redes sociales. Muchas veces las personas buscan respuestas rápidas sobre lo que sienten y terminan guiándose por contenidos que no siempre son adecuados.

“Hay usuarios que nos dicen: ‘Me estaba pasando tal cosa y revisé ChatGPT y me dijo esto’. Y eso preocupa, porque hemos aprendido a que alguien más resuelva nuestra vida, en lugar de enfrentarnos a lo que realmente nos pasa”, señala.

Segundo, que la población pueda romper el estigma de acudir a los servicios de salud mental cuando sea necesario y recibir una atención adecuada.Y tercero, que desde las autoridades se precise la problemática de salud mental en Arequipa y se asignen los recursos económicos necesarios para poder atenderla.

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