18/05/2026 | Alejandra Hancco
Cada 18 de mayo, el Perú recuerda uno de los episodios más crueles y trascendentales de su historia: la ejecución de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, y de su esposa Micaela Bastidas Puyucahua, considerados precursores de la independencia y símbolos de la resistencia contra los abusos del dominio español.
La mañana del 18 de mayo de 1781, en la Plaza de Armas del Cusco, las autoridades coloniales llevaron a cabo una brutal ejecución pública para intentar sofocar la rebelión indígena que había remecido gran parte del virreinato. Micaela Bastidas fue estrangulada frente a la multitud, mientras que Túpac Amaru II fue obligado a presenciar la muerte de sus familiares antes de ser sometido a un intento de descuartizamiento por cuatro caballos y posteriormente decapitado.
La insurrección encabezada por Túpac Amaru II surgió como respuesta a décadas de explotación y abusos contra los pueblos indígenas, quienes eran sometidos a elevados tributos, trabajos forzados y a la denominada mita minera, un sistema que obligaba a miles de personas a laborar en condiciones extremas dentro de las minas del virreinato.
Antes de iniciar la rebelión, el cacique cusqueño intentó buscar reformas por la vía legal. En 1776 presentó solicitudes para eliminar el trabajo obligatorio en las minas y frenar los abusos de los corregidores españoles, pero sus pedidos fueron rechazados por las autoridades coloniales.
Ante la falta de respuesta, el 4 de noviembre de 1780 capturó al corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga, dando inicio a una de las mayores rebeliones indígenas de América del Sur. Con el respaldo de miles de seguidores y junto a Micaela Bastidas —quien desempeñó un rol estratégico y militar clave— logró importantes victorias, entre ellas la batalla de Sangarará.
Sin embargo, el levantamiento fue finalmente sofocado por las fuerzas enviadas por el virrey Agustín de Jáuregui. Tras ser traicionado por uno de sus allegados, Túpac Amaru II fue capturado y condenado por el visitador José Antonio de Areche.
Aunque la rebelión fue derrotada, su impacto marcó un antes y un después en la historia del Perú. Las denuncias sobre los abusos contra los indígenas impulsaron cambios en el sistema colonial, como la eliminación de los corregidores y la creación de nuevas instancias administrativas y judiciales.
A más de dos siglos de su muerte, el sacrificio de Túpac Amaru II y Micaela Bastidas continúa siendo recordado como un símbolo de lucha, dignidad y resistencia frente a la opresión.