05/05/2026 | Alejandra Hancco
Cada 4 de mayo se conmemora el Día Internacional del Bombero, una fecha que reconoce la labor de quienes arriesgan su vida en emergencias. En el Perú, esta jornada no solo invita al reconocimiento, sino también a reflexionar sobre las condiciones en las que trabajan miles de voluntarios que sostienen un servicio esencial para la sociedad.
La conmemoración tiene su origen en 1998, tras la muerte de cinco bomberos en Australia durante un incendio forestal, un hecho que evidenció los peligros extremos de esta labor. Desde entonces, la fecha recuerda el compromiso y sacrificio de quienes enfrentan situaciones límite.
En el país, el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú cumple un rol que va más allá de atender incendios, al intervenir también en accidentes de tránsito, emergencias médicas y desastres naturales. Sin embargo, esta labor se sostiene principalmente en el voluntariado.
Para el 2025, el Perú cuenta con cerca de 16 mil bomberos y 240 estaciones para atender a más de 34 millones de habitantes, una cifra que refleja una brecha significativa frente a estándares internacionales. A esto se suma la falta de equipamiento, infraestructura insuficiente y una creciente demanda de emergencias.
Solo en 2024 se registraron más de 66 mil atenciones a nivel nacional, principalmente emergencias médicas e incendios, lo que pone presión sobre un sistema con capacidad limitada, especialmente fuera de Lima.
Ser bombero no solo implica enfrentar incendios. También conlleva riesgos físicos y emocionales. Estudios recientes advierten problemas de salud como sobrepeso, afecciones cardiovasculares y altos niveles de estrés, además de casos de afectación psicológica por la exposición constante a situaciones traumáticas.
Pese a este panorama, los bomberos continúan respondiendo a cada emergencia. Su labor, marcada por la vocación de servicio, sigue siendo fundamental. En ese contexto, esta fecha también pone en agenda la necesidad de fortalecer el sistema con mayor inversión, mejores condiciones y reconocimiento a quienes, incluso en la precariedad, no dejan de servir.